Vender nueces en el centro


¿Y quién no conoce a Sergio Álvarez? Este señor hace más de 15 años que vende nueces y frutos secos en el centro de San Rafael. Camina unos 12 kilómetros entre las oficinas, bancos y hoteles. Tiene 67, es vegetariano y a pesar de que perdió un ojo, también juega al pádel.

“Me vine a San Rafael porque hay mucha fruta. Hay duraznos, damascos, ciruelas, peras y también nueces, almendras, pasas. La fruta es el alimento principal para mí”, dice Sergio Alberto Álvarez, quien tiene 15 años en el centro vendiendo frutos secos. Lo hace para llevar buena salud a la gente y porque él practica esta filosofía de vida.

De lunes a viernes recorre unos 12 kilómetros por el centro. Anda por los bancos, por los hoteles, las oficinas. Hace unas semanas se cayó y se lesionó un pie. Así que anda más despacio. Se puso a agarrar caquis, una fruta parecida al tomate, se le quebró la escalera y cayó hacia atrás. “Fue una bendición de Dios y gracias a mi alimentación no se me partió nada”, y agrega: “La gente que no come carne tiene los huesos más flexibles”.

Sergio es un buen vegetariano. Tiene los cachetes colorados, siempre anda con mucha energía, no grita, le dicen que usa una buena peluca, porque tiene el cabello abundante y negrito; no bebe gaseosa, ni café, ni mate porque tiene un alcaloide; y tampoco come dulce de leche y carne. Es un asiduo a la medicina natural. Cuando se cayó se puso barro en el pie, aceite de esmeraldas, caliente y frío. Es más, hace años que no toma ni una pastilla. Hoy anda con el pie hinchado para allá y para acá.

También juega al pádel. Un deporte parecido al tenis. Lo hace a la par de los pibes de 30. Parece un caballo de troya. Todos se impresionan cuando entra a la cancha. Si se cae, da dos vueltas y sigue jugando. “Eso se debe a la alimentación: jugos, cereales”.  Cuenta que un joven de la Iglesia Adventista, a la que pertenece, no le creía. Así que un día le dijo que asistiera a la cancha. “También le conté que juego con un solo ojo. Hace 35 años que lo perdí. Y el chico se agarraba la cabeza con las manos y decía: ‘No puede ser’”.

Prepara ensaladas en el invierno

Este señor es chileno. Hace 44 años que está en la Argentina. Tiene 67 años de edad. En el año 75, Sergio llegó al país. Tenía 23. En ese momento la situación en Chile estaba muy mala. “Íbamos a Brasil, en principio. Y al final hicimos escala en Buenos Aires y nos quedamos allí”. Trabajó en la empresa Granix, que pertenece a la Iglesia Adventista. Primero, cinco años como dependiente y como independiente, 10. Abastecía a unos restaurantes vegetarianos. Después lo despidieron y decidió irse de Buenos Aires.  “Había mucha maldad y mucha violencia”. Llegó a Salta y tampoco le gustó. Luego un hermano le habló de San Rafael.

-¿Y cómo es vivir en un país dónde se come mucha carne?

(El señor al que Sergio le regalaba un libro soltó: “claaaaa”). -Sí, sí, me preguntan que cómo hago en un país carnívoro. Les contesto que no como carne por salud.

-Hay gente que no come carne todos los días, pero de vez en cuando es rica…

-Ya no me atrae. Por ejemplo, en pleno invierno me hago ensaladas. Y cuando las preparo se me hace agua la boca. Y acá en San Rafael hay mucha gente que no come carne. Antes de empezar a vender nueces, vendía milanesas de soja. Y todavía me piden. Me encontré con gente que hacía 10 o 15 años que no comía carne. El consejo que nos dan en la Iglesia es que no comamos mucha, porque vienen enfermas.  A los animales los alimentan con anabólicos y eso es cancerígeno.

Las técnicas para vender

Sergio utiliza cuatro técnicas para vender: Nunca presionar a las personas, buena mercadería, peso exacto y no arrancar la cabeza, es decir, no cobrar demasiado. La gente le dice: “Sergio por qué no viniste. Te estaba esperando. Pero es que a veces no me alcanza el tiempo para atender a todos".

-¿Por qué es sano comer nueces?

-Una vez me cargaron porque salió en el Diario una nota sobre las 6 razones del por qué se debe comer nueces todos los días. Me decían: ‘Ese artículo lo sacaste vos’. Recuerdo que decía: uno, fortifican el cerebro. Me sé el nombre de 200 personas acá en el centro, 20 números de teléfono y los libros de la Biblia, 66 en total, del Génesis al Apocalipsis, de memoria. Dos, hacen bien al corazón y tres, ayudan al colesterol.

-¿Y las otras tres razones?

-No me acuerdo, dijo entre risas.