Sabado, 26 de Septiembre de 2020

La enfermera habló de la muerte de su padre, la recuperación de su madre, del pastor y del estigma social

 

La enfermera Marisa Soto, la primera persona a la que se le confirmó Covid-19 en agosto en San Rafael, habló con Info YA! y contó toda la cadena de sucesos que la tuvieron como protagonista involuntaria.

Luego de cumplir con el período de aislamiento, Marisa y su familia fueron dados de alta este fin de semana. Habían resultado positivos ambos padres, el esposo de Marisa, las dos hijas que conviven con ella, su otra hija con su esposo y su hija que viven en el mismo lote que sus papás y comparten el baño.

Actualmente vive momentos de contradicción, porque “estamos con la alegría de que nuestra madre salió adelante en este proceso y la contraparte es la pérdida de mi papá y todo lo que hemos pasado. Pero en este momento estamos centrándonos en ella”.

Dijo que “mi papá tenía neumonía pero mi mamá fue una paciente asintomática que se la internó por su edad”.

Las únicas que presentaron algún síntoma fueron Marisa y una de sus hijas, que perdieron el olfato. “El resto del círculo familiar fue asintomático, saltaron los positivos por ser contactos estrechos al ser convivientes y por el hecho que yo cuidaba a mis padres”.

Al hablar del origen del contagio, explicó porqué creen que se originó a partir de un pastor. “No le encontramos otra explicación, esta persona se acerca a la casa de mis padres simplemente por una amistad que tenía desde niño con mi papá, ni siquiera con fines religiosos. Él los frecuentaba una vez cada uno o dos meses por el cariño y afecto que había entre familias”.

Añadió que “mis papás vivían solos y nosotros como familia ni siquiera estábamos enterados de esta visita. En primera instancia creía que me había contagiado yo en el centro de salud, más allá de que tomaba todos los recaudos habidos y por haber. No entendía hasta que mi mamá haciendo memoria se acordó que cuando esta persona los visitó estaba con mucha tos”.

Una vez que contrajeron el nuevo virus, se agravó la neumonía de su papá y murió. En tanto que su mamá fue internada preventivamente en el Schestakow porque tiene enfermedades de base (hipertensión, diabetes y problemas de corazón), pero terminó siendo contraproducente.

“Después de un par de días se deterioró por el hecho de estar sola, aislada y sin atención, humanamente hablando. Tenía personal de enfermería que entraban dos veces al día nada más. Además le dejaban la comida al lado de la puerta, ella con 78 años se tenía que levantar para buscarla y después de dos o tres días empezó a estar sedada y entonces pasó varios sin comer y sin que la rotaran. Nosotros no sabíamos”.

Luego el hospital autorizó el ingreso de un cuidador que estuvo aislado con ella en los últimos 7 días de los 15 que permaneció internada. “Fue trabajando con ella, le fueron sacando la sedación, empezó a comer y de a poco fue volviendo”.

La mujer no estuvo en terapia intensiva pero en algún momento necesitó mascarilla de oxígeno.

Ahora Marisa está abocada al cuidado de su mamá y a recuperar su vida normal, ya que siente que “fueron y son días difíciles por la condena social que se generó a raíz de falsa información”.