Sabado, 21 de Octubre de 2017

Dos años de ausencia del “Lorenzo” Fermín Ruiz

A dos años de su partida el Lorenzo dejó muchos recuerdos. A dos años de su partida el Lorenzo dejó muchos recuerdos.

 

Lo viste, seguro que vos también, alguna vez, lo viste: te hablo de ese eterno ciclista solo, tan solo, que repecha las calles por las noches. Usa las botamangas del pantalón bien metida en las medias, y una gorra calzada hasta las orejas. ¿Te fijaste? Nadie sabe, no, nadie sabe de dónde viene y jamás se lo conoce adonde va. De todos modos, si lo vieras pasar de nuevo, míralo con mucho amor, quizás sea la última vez que pase a tu lado con su sonrisa triste diciéndote adiós”. ¿Habrá estado alguna vez en San Rafael Horacio Ferrer y conocido al Lorenzo para escribir esta belleza del “Flaco de la bicicleta”, que lo pinta así tan fiel sin saber quien fue el Lorenzo Fermín Ruiz? No creo. Porque el Lorenzo pudo ser el “Flaco de la Bicicleta” o ahondando más en los recuerdos aquel “Chiquilín de Bachín” que lo amoldaba a la ciudad que lo cobijaba tal como era: un niño abandonado “cada día en su tristeza que no quiere amanecer, lo madruga un seis de enero con la estrella del revés y tres Reyes Gatos roban sus zapatos, uno izquierdo y el otro ¡también!”. El próximo martes se cumple dos años de la muerte de Lorenzo y muy pocos se acordarán de él, no porque olvidar es fácil sino porque el fárrago de la vida ya no quiere saber nada de almanaques. Pero a este inolvidable personaje todavía, si quisiéramos, lo veríamos gambetear las mesas de algún café, leer el diario en cualquier banco de la plaza, y llevando en su pecho y en cada fecha patria una escarapela azul y blanca.

El Lorenzo se fue una madrugada cuando el verano reverberaba en estertores. Y pidió, así dicen sus fieles amigos, que cuando se fuera de este mundo lo sepultaran en su vieja amada Villa 25 de Mayo, para compartir sus otoños de oro reventando en los altos sauces y carolinos y, nada menos, con Bufano de vecino. Entonces reflotan los versos del gran Horacio Ferrer en la parte final del “Flaco de la Bicicleta”, al decir “de todos modos si lo vieras pasar de nuevo míralo con mucho amor, quizás sea la última vez que pase a tu lado con su sonrisa triste diciéndote adiós".

 

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